viernes, 29 de febrero de 2008

EL ESCOLASO



La expresión escolaso —según el Diccionario Lunfardo Lexicon, Buenos Aires: Todo Tango— significa: juego de azar por dinero y, también, el lugar donde se juega.

En el barrio de La Paternal, el escolaso típico fue La Quiniela, que era un juego de azar a las dos o tres ultimas cifras, de los primeros premios de las diferentes loterías argentinas. No era el único ciertamente, ya que sábados y domingos había carreras de caballos y, en general, todos los días de la semana se jugaban cartas y billar en clubes y cafés del barrio, también por dinero.

Dejando de lado el fin de semana, en que las loterías dejaban lugar a las carreras de caballos, casi todos los días había sorteos en distintos lugares del país; Provincia de Buenos Aires, Córdoba, Tucumán, Nacional, y Montevideo (en Uruguay). A ello se sumaba alguno que otro sorteo extraordinario; por lo que durante la semana hábil, siempre había un día y una posibilidad para jugarse unos pesos.

Dentro del juego de Quiniela, se prefería jugar a los 10 primeros premios y a las dos últimas cifras solamente, aunque había otras alternativas. En las dos cifras —en caso de acierto—, se pagaban 70 pesos por peso jugado . ¿Cómo elegía la gente el número de la suerte? Pues existía una tabla de números, del 00 al 99, con un significado específico y, según los acontecimientos o los sueños del diario vivir, se apostaba al número.

Así en materia de mujeres, las referencias eran:
15 La niña bonita
21 La mujer
52 Madre e hijo
75 Besos
76 Llamas
77 Piernas de mujer
78 Ramera
93 Enamorado
98 Lavandera

En materia de sexo, los referentes eran:
00 Huevos
04 La cama
18 Sangre
20 La fiesta
49 La carne
60 Virgen
67 Mordida
69 Vicios

En asuntos religiosos, los números eran;
13 Fraile
26 La misa
29 San Pedro
30 Santa Rosa
33 Cristo
40 El cura
60 Virgen
84 La Iglesia
88 El Papa

Los asesores en esta materia tan ruda, la de adjudicar un número a un sueño o acontecimiento específico, eran los “quinieleros” o “lapiceros” , que cuando sabían, sabían y, si no, inventaban. También recibían la apuesta y pagaban los aciertos.

Por cualquier suceso vinculado a un loco había que jugarle al 22, a un perro; el 06, a un medico; el 92, a un incendio; el 08, a los sobrinos; el 68, a un hospital; el 73.
El problema venía cuando el sueño era complejo y donde la mezcla de situaciones de pesadilla obligaba a jugar como a 20 números, por lo menos.
Allí no quedaba mas remedio que elegir uno o dos, y chau Pinela.

Lo interesante del asunto era que la Quiniela estaba prohibida por ley y castigada por el Código Penal. Las apuestas eran clandestinas, los quinieleros y capitalistas —delincuentes— pero, todo se basaba en la confianza. Por lo apostado no había comprobante, y si un banquero no pagada, no había donde reclamar. Sin embargo aquello funcionaba a las mil maravillas.
No pagar un acierto significaba la muerte del quinielero, en el sentido que no recibía mas apuestas.

¿Y la Policía?, Bien, gracias. Recibía una comisión por parte de los quinieleros y permitía “levantar juego”. Semanalmente pasaban los lapiceros por la Seccional a dejar su “contribución” para el “Hogar Policial”.

Quien levantaba juego, generalmente no anotaba nada, memorizaba las apuestas hasta el momento en que “descargaba el mate” (la cabeza) a través del teléfono a su respectivo capitalista. Los fines de semana —cuando la función pública estaba de receso—, empleados inescrupulosos de la companía de teléfonos, conectaban algunas líneas de las oficinas a capitalistas grandes, y el tráfico de apuestas se realizaba por allí, y encima gratis.

Pero todo cambia en esta vida, y un buen día la quiniela se oficializó por ley del Congreso. Aquello vino a blanquear una situación que era del dominio público, le dio mas certeza al juego, benefició las arcas del Estado y dejó en el "desempleo" a una enorme cantidad de gente, que por supuesto no tenía ningún sindicato que los defendiera.
Y a los contadores de cuentos nos privó de una fuente impresionante de anécdotas. Que le vamos a hacer….

jueves, 28 de febrero de 2008

Esta es la web Piscis :D

¿Como son los piscis?

Personas emotivas y sensibles en grado sumo, que le hacen mas receptivo a los estados de ánimo de los demás, y le confieren esa capacidad de saber como se sienten los demás. Su caracter está impregnado de emotivismo: ternura, bondad, afecto..
A pesar de esa gran sensibilidad, son extremadamente fuertes, además gozan de un indiscutible gusto por el arte, poesía y literatura, asi como de gran imaginación.
Sin embargo, tanta sensibilidad a flor de piel, le provoca en ocasiones autoengaños seguidos de una profunda angustia.


¡¡¡¡Felicidades a las pececillas!!!

Nadie que no haya sobrevivido a la soledad podrá apreciar el verdadero sentido de la amistad.
Es preciso conocer el dolor para sentirse pleno entre el algodón y la ataxia.
Queridos todos que me acompañais en este camino. Sentirse aire, sentirse brisa en la mañana. Sentirse vivo entre las sombras. Sentir.
Miro mis manos y las veo desaparecer entre las aguas cálidas de un sueño que me adormece. Introduzco mis dedos suavemente rompiendo la tensión superficial y dejando que la humedad estremezca y comprima mis arterias.
Sueños... sueños subrealistas.
Corro y bajo las escaleras flotando, apenas rozando los escalones con las puntas de los pies e impulsándome con las manos sobre la barandilla.
Nadie me persigue pero yo huyo. ¿De quién?. Seguiré durmiendo y así lo sabré... Pero deduzco que de mí misma.

Buenas noches.

martes, 26 de febrero de 2008

El final. El principio

El Universo se acercaba a su fin. En realidad llevaba muriéndose miles de millones de años. Había alcanzado su madurez, su máxima expansión y, después, había comenzado a replegarse. Lentamente al principio, igual de despacio que había conseguido su apogeo, y acelerándose después, sin prisa, sin grandes aspavientos, pero sin freno. Ahora le quedaba unos pocos segundos de vida.

Él lo veía. No exactamente como lo habían hecho sus antecesores en el albur de los tiempos, cuando el moribundo era un explosión de vitalidad. Era algo menos físico, menos animal. Simplemente era capaz de fusionarse con su entorno entendiendo lo que acontecía.

Contempló a lo otros. Estaban allí. Como él. Podía saber lo que pensaban, lo que aquello significaba para todos. Para él también.

Sintió pánico. ¿Y si todo era mentira?¿Y si lo que habían creído comprender no era más que una absurda hipótesis, sin un razonamiento sólido? En ese caso, estaría todo perdido.

Contrariamente a lo esperado, este pensamiento lo tranquilizó. Si fracasaban, si nada era como debía de ser, entonces no se sabría jamás que no lo habían conseguido. Todo acabaría para siempre.

Sabía que los demás tenían miedos y temores iguales a los suyos. Todos sentían ese vacío, pero a la vez esa seguridad que otorga lo irremediable. Llevaban juntos tanto tiempo, habían razonado tantas veces lo que iba a suceder y como actuar, que sus pensamientos estaban íntimamente ligados y su aceptación ante el final era la misma

El tiempo se acababa. Lo sabía. El círculo se cerraba sobre si mismo.

Pensó en todo lo que dejaba atrás. En aquello que había evolucionado hasta convertirse en lo que eran ahora. Si fallaban, esa herencia ser perdería en la nada, igual que un soplo de brisa en la mañana, como si nunca hubiese sucedido.

Se permitió un momento de nostalgia al recordar a todos los grandes de la historia. Primero constreñidos a un mundo limitado, donde los más fuertes habían impuesto su ley durante siglos de barbarie y desarrollo, mientras otros cultivaban las artes y el pensamiento; el lugar en el que se había comenzado a forjar el conocimiento de este agonizante universo. Después en su expansión por su pequeña galaxia. Hombres que tardaron millones de años en conquistarla de un extremo a otro, doblegándola a sus intereses. Imperios que nacieron, crecieron y murieron víctimas de si mismos. Esos hombres que miles de millones de años después de haber comenzado su andadura por la Vía Láctea, fueron finalmente capaces de salir de sus fronteras y expandirse por todo el universo, hasta que finalmente comprendieron que la eternidad se conseguía desprendiéndose de su carcasa material y formando un todo con su alrededor.

Y allí estaban ellos, los últimos vestigios de la evolución racional, tan perdidos como los primeros hombres cuando contemplaban el firmamento sin ser capaces de imaginarse la complejidad que les rodeaba.

Le llamaron. ¡Es la hora! – dijeron-. Se les unió y se fusionó,

Cuando todos fueron uno, los pensamientos individuales se uniformizaron, y entonces lo conoció todo. Entendió que lo que habían supuesto era cierto. Que sus hipótesis, sus teorías, eran Leyes. Así había pasado desde siempre y así sucedería eternamente. Fue capaz de ver toda la historia de todos los universos habidos antes que Él. Lo supo todo, y descubrió que le gustaba ser quien era, quien había sido y quien sería.

El universo se colapsó. La energía existió un instante en el tiempo. Un momento tan pequeño que nadie, hasta entonces, había sido capaz de imaginar. Ya que en su singularidad, en su duración, era infinito.

Sólo Él pudo comprenderlo como algo. Al instante siguiente explotaría, como había sucedido incontables veces y como volvería a pasar igualmente cuando correspondiese.

Y en ese instante mágico en el que el todo se convirtiese en nada, y la nada se convirtiese en todo. En el momento en el que Él desapareciese, para siempre. En ese instante Él colocaría la semilla que cubriría de vida el nuevo cosmos. A si mismo. Su ADN. El resultado de una eterna evolución explotaría a la vez que el universo llevando con él las bases de la vida. Se perderían sus memorias, sus recuerdos, sus existencias. El perfecto ADN que habían conseguido tras pulirlo a lo largo de eones, quedaría reducido prácticamente a la nada. Serían necesarios millones de años para que volviese a desarrollar seres vivos. Unicelulares al inicio, pluricelulares después y otros como Él al final.

Antes de desaparecer, se permitió un último pensamiento, y la felicidad le inundó: ¡Hágase la luz!